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KFE Design Studio
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Lecture
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2º Congreso de Tipografía de Valencia,
Junio de 2006.
TXT. Only in Spanish
Bibliografía Middendorp, Jan, «Clotilde Olyff's alphabetization project», Typographische Monatsblätter, nº5, 2000 De Roeck, Yoan, «Anamorphotic typographies modules in motion», Typographische Monatsblätter, nº5|6, 2002 Dugdale, Juanita, «Gyöngy Laky- matter & message», Baseline, 32, 2000
Igarashi, Takenobu, Igarashi Alphabets, From graphics to sculptures, 1987, ABC Verlag
Agradecimientos:
A Raquel Pelta, por su ayuda incombustible. |
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TIPOGRAFÍA, VOLUMEN Y ESPACIO
Esta comunicación tiene como principal objetivo dar a conocer el trabajo de una serie de diseñadores y artistas que han desarrollado o desarrollan proyectos de tipografía tridimensional.
La relación entre letra y volumen, desde luego, no es nueva. Se podría decir que, al menos desde los romanos, técnicos y artistas han buscado la tridimensionalidad del texto.
Con la invención de la imprenta, la letra fue en sí misma un objeto volumétrico que ocupaba un espacio y tenía un peso.
La aparición de las nuevas tecnologías dio lugar a su sustitución por alfabetos digitales y, por tanto, a un proceso de desmaterialización. Quizá por ello, y en paralelo a una reivindicación de lo analógico, en las últimas décadas se han multiplicado los experimentos que devuelven a la letra su papel objetual.
En estos momentos nos encontramos con un conjunto de diseñadores y artistas que están buscando nuevas formas de representar con la palabra. Si hacemos una clasificación esquemática, podríamos clasificar sus trabajos en dos grandes bloques. Por un lado, el que corresponde a proyectos de investigación y desarrollo y, por otro, el que reúne aquellos otros que son el resultado de un encargo.
Dentro del primer grupo estarían las obras de Takenobu Igarashi, Yoan de Roeck, Clotilde Olyff, Gyöngy Laky, Stefan Sagmeister y Andrew Byrom; en el segundo, los de Myerscough Morag Critchton, Gavin Ambrose y Spin.
Takenobu Igarashi tiene una sólida formación tanto en diseño gráfico como en escultura. Sus trabajos se caracterizan por el interés que presta a las formas y materiales. Sus alfabetos pasan de las dos dimensiones a las tres gracias a la superposición de planos distintos que, al unirse van generando el volumen. Respecto a los materiales recurre a todo tipo de ellos: plástico, metal (acero y aluminio), madera, metacrilato, etc...
La obra de Igarashi, como sucede con la de otros artistas y diseñadores de alfabetos tridimensionales, se encuentra más ligada al lettering volumétrico que a los cánones tipográficos ortodoxos. Sin embargo, prefiere la simplicidad formal propia de la modernidad.
Yoan de Roeck empezó a investigar en las posibilidades de los alfabetos tridimensionales a partir de un proyecto para el Instituto Nacional de Investigación Tipográfica que desarrolló entre los años 2001 y 2002. A partir de la contemplación de la caligrafía gótica, De Roeck descubre que el módulo constructivo está implícito en el dibujo de la letra gótica y que, por tanto, la trasposición de la escritura a las tres dimensiones no es imposible. Opta por mantener el diseño de la letra inscrito en un cubo reticulado en el que hay una mancha y un vacío tipográfico, aunque la letra sólo se puede ver desde un único punto de vista.
Con este ejercicio, De Roeck genera cambios continuos en la legibilidad de la letra que siempre dependerán del ángulo de visión, aportando así nuevos comportamientos de la tipografía respecto a la legibilidad.
Interesantes son también las aportaciones de Clotilde Olyff. Esta diseñadora gráfica francesa intenta descubrir nuevas propiedades tipográficas mediante la creación de caracteres que se basan en las formas elementales (círculos, triángulos y cuadrados).
Quizá lo más significativo de Olyff es la manera que tiene de mirar, observar y percibir los objetos cotidianos en los que encuentra la fuente de inspiración para sus alfabetos. Este es el caso del desarrollado a partir de unas piedras encontradas en la playa. A partir de algo tan humilde, establece una analogía formal y crea un alfabeto.
Además de este proyecto, la diseñadora ha generado tipografías tridimensionales para el medio digital como, por ejemplo, el proyecto Alphablock, con el que demuestra como un número limitado de cortes y unas formas externas simples pueden dar lugar a un conjunto de caracteres de gran expresividad.
Olyff ha llevado a cabo, también, un juego en torno a la creación de alfabetos. El Minimex es una estructura modular con la que se pueden generar todos los caracteres a través de unas formas cúbicas.
Por lo que se refiere a la escultura Gyöngy Laky, podemos decir que su trabajo se caracteriza por una buena conjunción entre materia, técnica y base teórica. Laky no diseña alfabetos sino esculturas con mensaje. Por eso no crea tipografías completas sino solamente aquellas piezas que necesita para expresarse. Se trata, pues, de una rotulación volumétrica que utiliza como elemento de denuncia política en espacios públicos. Como quiera que lo que hace es, sobre todo, una escultura para Laky son esenciales los materiales que usa con una gran libertad. Así, en algunas de sus piezas podemos encontrar letras construidas con raíces y maderas de viñedo. Con ello consigue una hibridación o un contraste con el medio en el que sitúa su obra.
Andrew Byrom y Joel Walter realizaron un alfabeto tridimensional inspirado en una antigua silla de madera de la oficina del primero. Crearon primero una tipografía bidimensional que, posteriormente, llevaron a las tres dimensiones en una versión primero en tubo de acero y, posteriormente, en tubos de neón.
Lo más atractivo de este proyecto es el hecho de que, a través del paso de las dos a las tres dimensiones, se genera un conjunto de formas concretas que, posteriormente, se traslada al neón para dar lugar a unos sistemas de iluminación tridimensionales.
En este recorrido por la tipografía tridimensional, hay también que destacar a Stefan Sagmeister, quien, a menudo, recurre a la rotulación como un medio de proporcionar una mayor potencia visual a los conceptos que subyacen en cada pieza de diseño.
Entre sus diversas piezas de tipografía tridimensional destaca la identidad corporativa para la diseñadora de moda Annie Kuan pero, especialmente, “Trying to look good limits my life”, realizado en 2004, un proyecto personal dividido en cinco partes, en el que crea una especie de vallas en medio de la naturaleza y las fotografía para dar lugar a unas postales.
Todos estos diseñadores y artistas intentan explorar un nuevo uso de la tipografía, en el que la legibilidad y los aspectos técnicos dejan paso a la invención e investigación de nuevos medios de expresión gráfica en el volumen.
Por lo que se refiere al segundo grupo mencionado al comenzar este texto, hay que citar a Gavin Ambrose, que llevó a cabo un proyecto para el Design Council del Reino Unido, en donde una serie de números en volumen demostraban como la tipografía puede intervenir en el espacio.
El estudio Myerscough ha generado un conjunto de piezas volumétricas con la finalidad de reforzar y señalizar lugares. Con ello se genera una hibridación en la que volumen e imagen se confunden.
Respecto a los londinenses Spin, diseñaron un poster con neones, mediante el que ponían en práctica las ideas que Robert Venturi, Denisse Scott Brown y Steven Izenour, difundieron a través de su libro Aprendiendo de las Vegas , en el sentido de que un edificio puede ser en sí mismo un reclamo publicitario tridimensional. De ahí, se deduciría que la tipografía puede ser un elemento que, desarrollado en volumen, puede influir en el espacio. Gracias, además, a la luz se puede conseguir la atención del espectador.
El trabajo de este grupo de diseñadores más apegados al briefing es más una adaptación de modelos tipográficos existentes en las dos dimensiones a las tres dimensiones que una experimentación formal en toda regla. Sin embargo, es, precisamente, en la novedad del uso donde están sus mayores aportaciones.
En todo caso, lo más interesante de estas experiencias es cómo están abriendo el campo a los propios diseñadores y ofreciendo nuevas maneras de contemplar la tipografía, al sustraerla de lo que han sido sus usos habituales.
En nuestra profesión ya no es suficiente tener un completo dominio de la tipografía según los cánones clásicos; hay que buscar nuevos medios de expresión a través del texto, en los que forma y contenido alcancen el mismo valor.
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